martes, 23 de septiembre de 2025

IA. Sus riesgos y oportunidades



La inteligencia artificial y yo: ¿aliada o amenaza?

Últimamente no hay día en el que no me cruce con la palabra inteligencia artificial. Sale en las noticias, en las conversaciones con amigos, hasta en los anuncios de YouTube. Y claro, a veces me pregunto: ¿realmente la estoy usando tanto en mi día a día? La respuesta es un rotundo , aunque no siempre me dé cuenta.

Piensa en lo siguiente: cuando pongo una alarma en el móvil y me sugiere a qué hora dormir, cuando Spotify me acierta con una playlist que parece leerme la mente, o cuando abro Google Maps y ya sabe a dónde suelo ir los martes. Todo eso es IA colándose de manera silenciosa en mi rutina.


Lo que me gusta de la IA (ventajas)

  1. Me ahorra tiempo: tareas pesadas como resumir un texto largo, ordenar correos o incluso planificar un viaje ya no me parecen un infierno.
  2. Me inspira: a veces me desbloquea cuando quiero escribir algo, organizar ideas o incluso entrenar. Es como tener un asistente creativo que nunca se cansa.
  3. Accesibilidad para todos: desde gente mayor que usa asistentes de voz hasta estudiantes que encuentran recursos gratis, la IA democratiza un montón de cosas.

Lo que me da un poco de miedo (desventajas y riesgos)

  • Dependencia: me asusta que poco a poco pierda la costumbre de pensar o investigar por mí mismo. ¿Y si un día no tengo conexión?
  • Privacidad: cada clic, cada búsqueda, cada audio que le dicto a un asistente se queda registrado en algún sitio. Y aunque lo pinten muy bonito, nunca sé del todo dónde acaba esa información.
  • Deshumanización: me pregunto si en algunos trabajos (profesores, escritores, psicólogos…) puede perderse el calor humano. Porque no todo se reduce a respuestas rápidas o eficientes.

¿Oportunidad o amenaza?

Aquí es donde entro en el dilema personal: me fascina la idea de que la IA pueda ayudar a curar enfermedades, combatir el cambio climático o simplificar la vida de millones de personas. Pero también me da escalofríos pensar que los mismos algoritmos que recomiendan canciones puedan manipular opiniones políticas o reemplazar empleos sin que haya un plan claro para quienes los pierdan.


En mi día a día

Lo confieso: cada vez que abro una herramienta de IA me siento como un niño con un juguete nuevo. A veces la uso para resolver dudas rápidas, a veces para darle forma a mis pensamientos (como ahora mismo), y otras simplemente para curiosear. Pero también intento recordarme que la inteligencia humana —la de equivocarse, aprender, emocionarse— sigue siendo insustituible.


Mi conclusión personal

La IA no es ni buena ni mala: es un espejo que refleja lo que hacemos con ella. Puede ser una linterna que ilumina caminos nuevos o un agujero que nos traga si no sabemos usarla con cuidado. Al final, la clave está en cómo decidimos convivir con esta tecnología: ¿como esclavos que dependen de cada algoritmo, o como exploradores que saben cuándo apoyarse en ella y cuándo volver a confiar en su intuición?

Yo, de momento, elijo verla como una compañera. No perfecta, no infalible, pero sí útil si sé ponerle límites.


👉 ¿Y tú? ¿Cómo convives con la IA en tu día a día?


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lunes, 19 de diciembre de 2022

He buscado


Voy dejando de ser tiempo. Convirtiéndome en eternidad. 

El mundo está lleno de sabiduría oculta. Tan oculta que no terminamos de encontrarla, desesperando. De encontrarnos. 

Busco a Dios. ¿Me ha abandonado? 

He intentado tantas veces huir de Él. Sólo de Él. Rechazarle. Refugiarme en el horror del mundo. Un horror cotidiano. No por ello menos terrible. Sólo vamos aprendiendo. 

Apremio es el apellido del tiempo. Todo nuestro sacrificio es incierto. Eternamente inseguro. Desgarradoramente humano. Torpemente insolente. 

El fin del cuerpo es saber. El de la mente es dudar. La lucha cambia de forma. Avances y retrocesos. El entrelazado es violento. Nosotros. 

Nadie está bien. Estar bien es una idea en la cabeza que no se cumple y nos vuelve locos. Que tratamos de ocultarnos, en vano. 

El refugio insuficiente. La intemperie del espíritu. La indigencia del corazón. La horfandad del mundo.

He buscado lo imposible. 
Sigo aquí. 


domingo, 4 de septiembre de 2022

Vueltas

Tengo el alma coja y no sé qué pie le falta. Porque es coja, sé que la tengo. 

El orgullo maltrecho me habla todo el rato. La vida tiene sus propias exigencias, pero no las muestra todas a la vez. 

A todos nos debería haber ido mejor, decimos al inseguro vacío. 

Teníamos que haber sido otros. Pero somos alguien. 

Mi dolor es uno más y eso lo hace irrelevante. El apellido de un nombre cualquiera. 

Un apéndice de existencia. Así se habla un mortal.

Continúan las peleas. No tan absurdas. Siempre tomando nuevas formas. La interacción es creación. Confluencia. 

Es inaceptable, de algún modo, seguir aprendiendo a vivir. Después de todo lo que hemos pasado. Lo que hemos creído. Y descreído. 

Hablamos de lo que queda. Reconozco que vivo distraído. El entretenimiento es necesidad. Relleno. 

Es porque ahora me cuesta más llenar el tiempo. Convencerme, empujarme. Creerme algo. 

Mi excusa de no vivir de otra manera no es mejor que la de cualquiera. Aquí seguimos, después de todo. Rellenando el tiempo. 

Me digo, por ejemplo, que debería ser mejor un texto, una conversación, una confesión, si se planea. Si se organizan sus piezas lo mejor posible. 

Si lo dijera hoy, estaría mintiendo. 




viernes, 26 de agosto de 2022

Contra el frío

Me haces sentir solo. Por más que intente justificarte, una y otra vez, puedo sentir la frialdad de tu corazón, como si fuera mía. La muerte de toda esperanza. 

Estoy preocupado. El frío en tu corazón es el peso en mi estómago. En mi alma. Qué hacer con él? 

Este es el momento. Hay que decidir. Decidir algo, pero decidir. Me estás utilizando, pero cuánto? Quieres sacar algo de mí, pero qué? 

No podré justificarte siempre. Me estoy complicando la vida. Todo lo que veo son nuestros problemas, entrelazándose, enfrentándose. 

Creando nuevos problemas. 

No acabamos huyendo siempre? 

Reconozco que deseo sentirme libre de nuevo. De eso. El peso es demasiado. No puedo vencerlo. Estaremos igual hasta el final. Ya hay resentimiento. No está creciendo ya? 

Todos queríamos lo diferente. Necesito que aprendas lo que no has aprendido. Que lo que aprendiste lo aprendas diferente. No puedo conseguirlo. Estoy atrapado. Eres como mi trampa. 

Sabiendo ya, después de muchos dolores, que no hay justicia fuera del corazón. No puede haberla; que el corazón es el fuego de la esperanza.

Que el egoísmo es frialdad, violencia. Porque es ardor que busca consumirse solo. Hasta su destrucción. 

Lo que tengas que hacer, hazlo pronto. Derriba mi corazón. Revela tu secreto de una vez. No nos engañemos más.

No nos hagamos perder lo mejor por cobardía. 

Estamos enfrentados. Quién prevalecerá? 

Amor, el frío es la muerte de la esperanza. 

https://youtu.be/heJFzHhbh3g





miércoles, 24 de agosto de 2022

Contexto insuficiente

Soy la parte más pequeña del dolor del mundo, injusta como cualquiera. 

Intento aceptar los hechos. Si no es todo, al menos lo más importante. 

Soy idealista. Sueño. Pero, por lo menos, lo reconozco. 

Me desanimo pronto. Más pronto que tarde. Desanima cualquier entretenimiento. A lo que se reducen nuestras interacciones. Pensar para descartar. 

Hay que reconocerse pequeño poco a poco. No hay otra manera. Acaso cada vez más, para salir adelante. 

Encajamos mal. No hay más remedio. Mejor una verdad decepcionante que la fría mentira por derrumbarse. 

Aplaudo esos huecos, como imposibles, en los que todavía encontramos ganas de conectar, compartir, recrearse. Ganas de comprender. 

Sin eso, sería demasiado el absurdo. El tedio. Como una plenitud de vacío. Una esencia vacua. 

No somos así. Nos repugna. Por eso sufrimos y luchamos. Porque la falta de sentido, incluso la posibilidad, duele demasiado. 

Salir adelante es huir de esa quimera. De sus muchas caras, siempre muestra una nueva.

Cambia todo lo anterior. Lo que creímos y sentimos para resistir. Hay que reinventarse. 




lunes, 20 de junio de 2022

Discurso de pareja






CUESTIONES PERSONALES


No sé si haré bien en escribir estas cosas, pero la ocasión desde luego lo merece. 

Como mínimo, dadas las circunstancias, me creo en el derecho y el deber de responder 

a un ataque constante, como a algo inevitable, ineludible. 


Lo primero que debo reconocer (decir la verdad se limita, a menudo, a reconocerla) es que, 

siendo una pareja como la que somos, que yo considero afortunada, más allá de los

impulsos, los miedos y vicios, las dependencias de cada uno, ninguno de los dos tiene la 

obligación de estar con el otro. Estrictamente, es una libre elección. 


Sentado esto, que es una premisa importante, se sigue lo siguiente: que considero que 

ambos, habiéndonos encontrado y teniendo claras similitudes (y debilidades) en el carácter, 

compartimos una visión de la vida, de las personas, de lo bueno y de lo malo, en términos

generales. 


En lo que a mi respecta, no mentiré sobre esto, si puedo evitarlo. No estoy orgulloso de 

muchas cosas, pero sí de mí mismo, de mi carácter. Me ha costado mucho llegar hasta aquí, 

más de lo que puedo expresar, y no puedo estar más que agradecido y orgulloso de mi 

camino, del balance de mis éxitos y fracasos, sean cuales sean, porque creo, todavía, 

y quizá más que nunca, poder llegar a buen puerto gracias a lo que he descubierto de 

mí mismo, si soy constante y tengo el valor suficiente. Si puedo practicarlo. 


Creo que la buena vida, la virtud, es una cuestión de práctica, no de condiciones externas, 

de simple fortuna o de cualquier frivolidad que se le parezca. Me ha costado mucho llegar 

a pensar así. Al mismo tiempo, reconozco que te considero esencialmente una buena

persona y que soy feliz de estar contigo. Eres la mejor pareja que he tenido. No puedo

negarlo. 


No estamos exentos, como no lo está nadie, de poder hacernos daño. Eso siempre está 

sobre la mesa. Nos equivocamos. Perdemos los nervios. Podemos tomar malas decisiones y 

estar inseguros en cualquier momento, de nosotros mismos, incluso en la decisión que 

parezca más acertada. Todo está necesariamente envuelto de apariencia. Posibilidad de 

engaño. Sobre todo, de autoengaño. De querer ver lo que no hay. 



Creo que lo más devastador, lo más doloroso que podría venir de ti a mi respecto, sería 

que me abandonases. Sé por dónde vas. Ya hemos hablado de esto muchas veces. Hay 

algo importante que falla, pero no sé cómo es de importante, ni si se puede arreglar. 

Realmente, no lo sé todo, ni sobre nosotros ni sobre el resto. 


Lo que quiero decir es que, reconociendo que puedes hacerme daño, que el mayor daño 

que puedes hacerme es abandonándome (debo encontrar entereza en hablar así), es 

cuestión mía el que sólo puedas hacérmelo una vez. El orgullo herido, tan pequeño 

como sea en realidad, está en juego en su totalidad si dejo que me hagas daño de nuevo 

por la misma traición. 


Como decían los antiguos. "Un error puede cometerlo cualquiera. Errar es humano. Insistir 

en el error es locura, sabiendo que es un error."


La realidad es que acabamos juntos. Juego en mi mente con la posibilidad de que las cosas 

sigan creciendo para nosotros, fructificando, prosperando. Lo reconozco. Nunca he tenido 

esto con nadie y ya son unos años. Creo que nos vamos conociendo. 


Me parece que, a estas alturas, sé lo que hay que hacer para ser una buena persona, para 

perseverar en ello o hacerme mejor, con la ayuda de Dios, sin la que nada es posible. 


A Él le pediría que me diera fuerzas para rechazarte si me traicionas. No quiero ser duro con 

esto, pero qué elecciones tengo? No es el poder inflexible cuando debe?


No quiero amenazarte, ni llenarte de tribulación, ni incrementar la que ya hay. 

Sólo quiero decir, señalar, la verdad, que se va haciendo más ineludible, porque esto 

se va haciendo más importante y tenemos que afrontarlo, juntos y por separado. 


Piensa muy bien lo que quieres hacer conmigo. Lo que te ofrezco no cambiará mañana, 

sea mejor o peor. Es lo que puedo ofrecer. Mi corazón. Quiero hacerte feliz. Creo que puedo

hacerlo. Quiero encargarme de mi familia, buscar la felicidad para ella e intentar dar lo 

mejor de mí para conseguirlo, pero no a costa de ninguna traición a cuestas. 


Si me dejas por el dinero, sólo por el dinero, creo que eso ya es, de por sí, una declaración

de principios que me es imposible ignorar, como para ti. Te he dicho lo que pienso al

respecto. Lo que me parece que es y que no es el dinero, así como lo que puede ser, 

lo que representa para mí. 


Si para ti, por tu naturaleza, es más importante eso que lo que puedo ofrecer, cómo soy, 

quién soy en realidad, tendré que seguir mi camino sin ti. Tendré que compartir mi 

felicidad con otra persona. No estamos para perder más tiempo. No quiero perder el tuyo

ni que pierdas el mío. Hay que ser duro con esto, aunque no queramos. 


Piensa bien lo que quieres hacer y lo que es más importante para ti, pero no tendrás una 

segunda oportunidad conmigo. Si lo quieres, me traicionarás una vez. Si vuelvo contigo, 

será sólo culpa mía y mi responsabilidad, como es la nuestra decidir ahora prevenir el 

peligro o adentrarnos en él, sopesando las ventajas o inconvenientes que acarrea. 


Siento todo lo sentimental que no me queda más remedio que ser, en esto me considero

bastante racionalista, sensato. Creo verlo claro. Espero que comprendas mi punto de vista, 

mis principios y hasta dónde estoy dispuesto a llegar contigo, porque yo tampoco lo tengo 

tan fácil y también puedo dudar de mí mismo, en cualquier momento, de ti, de mí, de 

nosotros; y esta insistencia por lo material, esta molestia por las posesiones temporales

reconozco que mella mi confianza, sin llegar a ser lo que quieres que sea para mí: una 

amenaza existencial. No puedo renunciar a mis principios. Sólo reconocerlos y profundizar

en ellos. 


Con todo el afecto del mundo, prometo encontrar la forma de ser más sincero para ti, 

esperando que ello contribuya a que nuestra relación, de libre elección, pueda llegar a 

ser mejor cada día, con la ayuda de ambos y de Dios. 





domingo, 19 de marzo de 2017

El recuerdo de mi pasado


Ahora estoy convencido de que lo que creía antes no es cierto.
Que mi experiencia es especial. Mi identidad, mi ser.
Es una carga emocionalmente difícil de llevar y de ocultar,
porque no es agradable. Como espinas invisibles.

En algún momento en el pasado, todas las creencias en el futuro dejaron
de ser sueños y se convirtieron en realidad.
Me enfrenté al mundo y me venció.

Y sólo me quedó la huida del arte, que no termina de completarse en los que
aún no han muerto y tienen mil esperanzas, unas más locas que otras, según el momento
y lo que les pase. Cómo les transtornen los acontecimientos el ánimo.

Es una carga difícil, por otra parte, el desprecio que se desprende de nuestros prejuicios
hacia los demás. Los desconocidos. Compañeros de viaje, de fatigas, adversarios o aliados, según el momento y sobre todo, la apariencia.

Es un freno, una protección, un mecanismo de defensa y, por qué no decirlo, una reacción desesperada de supervivencia. Un vicio de adaptación y un insoportablemente enorme exceso de ego. Una protuberancia de orgullo.

Lo comprendo. No digo que no sea así. Pero no dejo de pensar en ello. No está completa mi experiencia, si ha durado demasiado. Si aún queda más por venir. Más de lo mismo. Es una vida que nadie quiere aceptar, de entre todos. Los mejores y los peores. Ilusos, ingenuos, desengañados. Todos sufrimos y todos huimos del sufrimiento.

Todos queremos encontrar el refugio eterno fuera de esta vida conocida. El mismo conocimiento y experiencia es la esencia de lo que nos une. Lo que no es negociable o da igual que se reconstruya o se desordene mil veces. Porque no cambia ni nos cambia. Es lo que es.

El mensaje que se pueda dejar en nuestro tiempo, un tiempo de caos, desinformación, sueños rotos, es un mensaje simplemente equivocado. Sería mejor guardar silencio que soltar la negra y vieja bilis de las generaciones. Me doy por vencido frente al miedo a la soledad, a ser apartado o ignorado.

Capitulo y mercadeo con bajezas. Escondo mis heridas y el arma de mi venganza. Ya no quiero usarla contra otros como yo. Para qué? Debería creer en un resultado significativo para hacerlo.

La oscuridad que más angustia es la que se queda por dentro.