He visto series, películas. He jugado a videojuegos.
Mi culpa está siempre delante de mí. La culpa de mi tiempo.
He envejecido con la culpa. He envejecido con miedo.
Mis emociones fluyen por mi vivo ser. A veces, sufro.
Es parte de mi vida.
No se evita el dolor por mucho tiempo.
Es raro no sufrir cuando sucede.
El miedo es siempre miedo a sufrir. El miedo es real.
No es fácil combatir el miedo.
Tengo miedo.
Tengo miedo de no estar haciendo lo que debo hacer ahora.
Estoy lleno de ansiedad y temor por el futuro.
Me dan miedo los demás y yo mismo. Mi descontrol.
Mi falta de autodominio y de confianza.
Pensé que lo tenía.
Aún lo pienso a veces. Pero lo olvido.
Y si lo olvido, creo que no es suficiente.
Creo que nunca será suficiente.
Me desespero.
Quiero ser otro mejor y no sé quién soy.
Salgo de mí mismo para encontrar fantasmas que me ahogan.
Que me atormentan.
Siento que las cosas no deben ser así. Injustas.
Con o sin mi culpa.
Quiero ser un hombre valiente. Valioso.
Sólo quiero eso.
Conquistar el valor. Combatir el miedo.
Dominarme a mí mismo.
Tengo miedo de la vanidad que se me escapa.
En mis palabras y gestos.
En mis opiniones sobre los desconocidos.
He buscado un golpe de suerte.
Hace un momento. Una vez más.
No lo he encontrado.
He perdido otra oportunidad y no ha sido la última.
Seguiré perdiendo.
Viviré con la pérdida.
Qué puede haber más difícil de afrontar que el dolor
y el miedo al dolor.
De quién es justa su propia vida?
Quién no necesita a los demás? Los desconocidos, su apoyo?
Humanidad. Quién eres en realidad?
Fluyen mis sentimientos.
A las orillas de mi ser, se amontonan y se secan mis prejuicios.
El ejército de mi pecho soporta embestidas anónimas que pesan sobre mi memoria,
extendiéndose hasta la exageración del infinito. Lo indefinido.
Lo inalcanzable.
No soy otra persona.
Temo el examen de los que vendrán.
Temo que me desenmascaren, si me olvido de que no hay nada más difícil
que luchar por ser y mantenerse justo.
No lo soy.
No hay justicia en mí. No la hay que sea mía.
La naturaleza me ha dado un ser caduco o incierto.
Comparto mi dolor conmigo mismo.
No sé lo que quedará.
Me duelen mis sentimientos.
No conozco la vida de otros. Aunque me apoyen o me favorezcan.
Sólo sé que me han conocido.
Que existo para ellos y nada más.
No estoy en paz, todavía.
Mañana volveré a luchar.
Mis fuerzas menguarán.
No seré invencible.
No lo soy este día.
Vivo en cautividad bajo mi miedo.
Le doy la espalda y me esclaviza.
Su dolor es un látigo sobre mis deseos.
Vivifica sus formas, como los bordes de mi cuerpo interior.
Siento que no puedo vivir así.
Que ya es suficiente.
Quiero ser un hombre valiente contra el miedo.
Sólo contra él.
Decidir a quién servir, con qué servir.
Con mi talento. Con confianza.
Llevo una carga pesada de indignación y humillación.
Yo también me la eché encima.
No sabía que sería así.
Quiero dejarlo.
No quiero ser infeliz. Nadie quiere ser infeliz.
No quiero hacerme esto.
Ojalá pudiera cambiarlo todo en un momento.
Ojalá todo fuera más fácil.
Más seguro.
Me equivocaba, pero me encantó que me invadiera el entusiasmo de nuevo.
Por pequeñas que sean mis hazañas, siguen siendo mías.
Se las debo al mundo, porque de él las recibí.
Nada conseguí sin los demás, aunque fueran desconocidos.
Llegaron a ser conocidos.
Reposé sobre sus esperanzas, antes de reposar sobre las mías.
Soy un hombre.
Mi dignidad es la de un hombre.
No puedo rendirme así
a pesar del dolor y del miedo.
No puedo acabar aquí.
Tengo que luchar con valor.
Tengo que seguir el camino que me pertenece y al que pertenezco.
Debo apartar las espinas de oscuridad, invisibles.
No acaba aquí.
Esto no es todo.
No me rendiré con miedo.
Aunque me hagan daño, seguiré buscando la justicia.
Aunque acaben conmigo, habrá valido la pena.
No acabaré así.
No dejaré este mal recuerdo inacabado.