CUESTIONES PERSONALES
No sé si haré bien en escribir estas cosas, pero la ocasión desde luego lo merece.
Como mínimo, dadas las circunstancias, me creo en el derecho y el deber de responder
a un ataque constante, como a algo inevitable, ineludible.
Lo primero que debo reconocer (decir la verdad se limita, a menudo, a reconocerla) es que,
siendo una pareja como la que somos, que yo considero afortunada, más allá de los
impulsos, los miedos y vicios, las dependencias de cada uno, ninguno de los dos tiene la
obligación de estar con el otro. Estrictamente, es una libre elección.
Sentado esto, que es una premisa importante, se sigue lo siguiente: que considero que
ambos, habiéndonos encontrado y teniendo claras similitudes (y debilidades) en el carácter,
compartimos una visión de la vida, de las personas, de lo bueno y de lo malo, en términos
generales.
En lo que a mi respecta, no mentiré sobre esto, si puedo evitarlo. No estoy orgulloso de
muchas cosas, pero sí de mí mismo, de mi carácter. Me ha costado mucho llegar hasta aquí,
más de lo que puedo expresar, y no puedo estar más que agradecido y orgulloso de mi
camino, del balance de mis éxitos y fracasos, sean cuales sean, porque creo, todavía,
y quizá más que nunca, poder llegar a buen puerto gracias a lo que he descubierto de
mí mismo, si soy constante y tengo el valor suficiente. Si puedo practicarlo.
Creo que la buena vida, la virtud, es una cuestión de práctica, no de condiciones externas,
de simple fortuna o de cualquier frivolidad que se le parezca. Me ha costado mucho llegar
a pensar así. Al mismo tiempo, reconozco que te considero esencialmente una buena
persona y que soy feliz de estar contigo. Eres la mejor pareja que he tenido. No puedo
negarlo.
No estamos exentos, como no lo está nadie, de poder hacernos daño. Eso siempre está
sobre la mesa. Nos equivocamos. Perdemos los nervios. Podemos tomar malas decisiones y
estar inseguros en cualquier momento, de nosotros mismos, incluso en la decisión que
parezca más acertada. Todo está necesariamente envuelto de apariencia. Posibilidad de
engaño. Sobre todo, de autoengaño. De querer ver lo que no hay.
Creo que lo más devastador, lo más doloroso que podría venir de ti a mi respecto, sería
que me abandonases. Sé por dónde vas. Ya hemos hablado de esto muchas veces. Hay
algo importante que falla, pero no sé cómo es de importante, ni si se puede arreglar.
Realmente, no lo sé todo, ni sobre nosotros ni sobre el resto.
Lo que quiero decir es que, reconociendo que puedes hacerme daño, que el mayor daño
que puedes hacerme es abandonándome (debo encontrar entereza en hablar así), es
cuestión mía el que sólo puedas hacérmelo una vez. El orgullo herido, tan pequeño
como sea en realidad, está en juego en su totalidad si dejo que me hagas daño de nuevo
por la misma traición.
Como decían los antiguos. "Un error puede cometerlo cualquiera. Errar es humano. Insistir
en el error es locura, sabiendo que es un error."
La realidad es que acabamos juntos. Juego en mi mente con la posibilidad de que las cosas
sigan creciendo para nosotros, fructificando, prosperando. Lo reconozco. Nunca he tenido
esto con nadie y ya son unos años. Creo que nos vamos conociendo.
Me parece que, a estas alturas, sé lo que hay que hacer para ser una buena persona, para
perseverar en ello o hacerme mejor, con la ayuda de Dios, sin la que nada es posible.
A Él le pediría que me diera fuerzas para rechazarte si me traicionas. No quiero ser duro con
esto, pero qué elecciones tengo? No es el poder inflexible cuando debe?
No quiero amenazarte, ni llenarte de tribulación, ni incrementar la que ya hay.
Sólo quiero decir, señalar, la verdad, que se va haciendo más ineludible, porque esto
se va haciendo más importante y tenemos que afrontarlo, juntos y por separado.
Piensa muy bien lo que quieres hacer conmigo. Lo que te ofrezco no cambiará mañana,
sea mejor o peor. Es lo que puedo ofrecer. Mi corazón. Quiero hacerte feliz. Creo que puedo
hacerlo. Quiero encargarme de mi familia, buscar la felicidad para ella e intentar dar lo
mejor de mí para conseguirlo, pero no a costa de ninguna traición a cuestas.
Si me dejas por el dinero, sólo por el dinero, creo que eso ya es, de por sí, una declaración
de principios que me es imposible ignorar, como para ti. Te he dicho lo que pienso al
respecto. Lo que me parece que es y que no es el dinero, así como lo que puede ser,
lo que representa para mí.
Si para ti, por tu naturaleza, es más importante eso que lo que puedo ofrecer, cómo soy,
quién soy en realidad, tendré que seguir mi camino sin ti. Tendré que compartir mi
felicidad con otra persona. No estamos para perder más tiempo. No quiero perder el tuyo
ni que pierdas el mío. Hay que ser duro con esto, aunque no queramos.
Piensa bien lo que quieres hacer y lo que es más importante para ti, pero no tendrás una
segunda oportunidad conmigo. Si lo quieres, me traicionarás una vez. Si vuelvo contigo,
será sólo culpa mía y mi responsabilidad, como es la nuestra decidir ahora prevenir el
peligro o adentrarnos en él, sopesando las ventajas o inconvenientes que acarrea.
Siento todo lo sentimental que no me queda más remedio que ser, en esto me considero
bastante racionalista, sensato. Creo verlo claro. Espero que comprendas mi punto de vista,
mis principios y hasta dónde estoy dispuesto a llegar contigo, porque yo tampoco lo tengo
tan fácil y también puedo dudar de mí mismo, en cualquier momento, de ti, de mí, de
nosotros; y esta insistencia por lo material, esta molestia por las posesiones temporales
reconozco que mella mi confianza, sin llegar a ser lo que quieres que sea para mí: una
amenaza existencial. No puedo renunciar a mis principios. Sólo reconocerlos y profundizar
en ellos.
Con todo el afecto del mundo, prometo encontrar la forma de ser más sincero para ti,
esperando que ello contribuya a que nuestra relación, de libre elección, pueda llegar a
ser mejor cada día, con la ayuda de ambos y de Dios.

