domingo, 24 de abril de 2016

Subyacente


Últimamente, cada vez que veo ciertos conceptos, me siento perturbado. Indispuesto. Huidizo.

Ávido, rapaz.

Conceptos que me hacen caer en la cuenta, nuevamente,

de que no he dominado mi vida,

sino que he estado a merced del desconocimiento,

el extravío, el exceso. De un desvarío a otro.

Como un títere de los deseos

que surgen de mí o se me ponen delante.

Incluso a merced de una especie de locura cotidiana.

Como ahora, un peso en el estómago.

Psicodinámica.

Mentira.

Parte insuficiente.

Manía.

Intentos de explicación que perecerán

antes que nosotros.

Pero me encuentro en medio y lo sufro todo.

Yo quisiera sentirme de otra manera.

Es duro ser apasionado. Sensible.

Echo mucho de menos la familiaridad.

Qué más iba a poder añorar, idealizar?

Y todos nos sentimos igual.

Y todos huimos.

Y esperamos.

Pero debéis disculpar mi palabrería.

Es más sencillo

y yo, a veces, lo complico. Cuando me extravío de nuevo.

Aunque calle, sigo hablando por dentro.

Qué diferencia hay, entonces?

El desconocimiento de los demás.

Su fugaz apoyo o desprecio,

si no trabajamos duro.

Y cuánto aguantamos?

Cuánto nos diferenciamos de la norma?

Cuánto nos convencemos de nuestro triunfo?

Ojalá pudiera desahogarme mejor. Expresarme mejor.

He llegado hasta aquí

como un pedazo despedido de mundo

que no puede rendirse todavía

y que no sabe contra qué lucha

porque se desconoce a sí mismo

y deja rastros amargos

sombras

que no pueden cambiarle,

que no son como él.

Porque le atormentan.

Y de ellas surge el mismo deseo,

inmortal en vida,

invicto. Porque intentó ser ignorado por las épocas

en vano.

Cargas de las que siempre quiere deshacerse.

Porque no hay otro poder que ese mismo:

el de deshacerse de las cargas,

y lo demás es palabrería, ciertamente.

Locura, mentira o lo imposible.

Infancia


La mayor parte del tiempo no quiero aceptar que ya no soy un niño.

Que me afecta, sobre todo, el cambio de mis sentimientos.

La injusticia del mundo es el extravío. El descontrol.

Me veo un hombre muy pequeño, entre los hombres, ahora que no creo en nuestros pequeños

conocimientos. Fugaces aguijones de duda. Muchos, en un momento.

Pero lo que sí veo es cuánto sufrimos por no tener certidumbre

y nuestra búsqueda desesperada por reafirmar la cultura humana.

La de un momento de razón, un instante

que produce locura. Porque basta.

Quizá me exprese demasiado.

Quiero decir que no hay paz en la lucha.

Y que nadie sabe por qué luchamos por dentro

hasta hoy.

Y los juegos no nos consuelan del todo.

Nos distraen fugazmente.

Pero necesitamos ocupaciones.

Como cualquier hombre sensato,

deseo que mis ocupaciones sean honestas,

respetadas.

Pero no siempre acierto,

pues soy humano.

Pasión atrapada dentro de la razón.

Esto es sufrimiento psicológico.

Y no puedo expresarlo de otra manera.

Y me expresaré exageradamente hasta expirar

para todos mis hermanos y para mí mismo.

Porque no hay otro modo de vida para nosotros.

Ni la ha habido nunca,

ni la habrá.

Y quién se expresará mejor

de entre nosotros, los hombres pequeños?