La mayor parte del tiempo no quiero aceptar que ya no soy un niño.
Que me afecta, sobre todo, el cambio de mis sentimientos.
La injusticia del mundo es el extravío. El descontrol.
Me veo un hombre muy pequeño, entre los hombres, ahora que no creo en nuestros pequeños
conocimientos. Fugaces aguijones de duda. Muchos, en un momento.
Pero lo que sí veo es cuánto sufrimos por no tener certidumbre
y nuestra búsqueda desesperada por reafirmar la cultura humana.
La de un momento de razón, un instante
que produce locura. Porque basta.
Quizá me exprese demasiado.
Quiero decir que no hay paz en la lucha.
Y que nadie sabe por qué luchamos por dentro
hasta hoy.
Y los juegos no nos consuelan del todo.
Nos distraen fugazmente.
Pero necesitamos ocupaciones.
Como cualquier hombre sensato,
deseo que mis ocupaciones sean honestas,
respetadas.
Pero no siempre acierto,
pues soy humano.
Pasión atrapada dentro de la razón.
Esto es sufrimiento psicológico.
Y no puedo expresarlo de otra manera.
Y me expresaré exageradamente hasta expirar
para todos mis hermanos y para mí mismo.
Porque no hay otro modo de vida para nosotros.
Ni la ha habido nunca,
ni la habrá.
Y quién se expresará mejor
de entre nosotros, los hombres pequeños?
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