miércoles, 14 de diciembre de 2016

Enfermedad


Me resulta muy difícil determinar con total exactitud y seguridad, si es que esto fuera posible, más allá de la ambición del orgullo humano, la naturaleza de mi enfermedad. 

Mi enfermedad es aquello que, como un obstáculo, puede ralentizar o detener mi calidad de vida. Por esto entiendo la salud, el correcto funcionamiento de mi vida. La vida natural del hombre que me habita o que habito. 

Soy hiperactivo. Lo soy porque probablemente lo heredé genéticamente. Soy una persona distraída. Invento constantemente formas de escapar de lo cotidiano, sea más o menos cómodo. Es algo que no puedo resistir. Que está muy por encima de mis fuerzas. 

Ahora, sufro esta dolencia con más intensidad que cuando era un niño. Tengo una vida adulta con retos de vida adulta. Tengo un trabajo que tengo miedo de perder. Sufro presión del exterior. Sufro abatimientos en mi sensibilidad que dramatizo y pretendo restregar en los demás, porque yo mismo no lo soporto solo. 

Quiero cambiar mi vida, pero sólo la sufro. Para mí, todo está lo suficientemente conectado como para que surja el pensamiento, el choque frontal de las ideas que deja espuma, después de la violencia. Espuma que borra el viento del olvido. Esto para mí es la vida consciente. Una vida fugaz e insegura que baila entre los extremos. Que casi nunca está en ese punto medio de equilibrio codiciado. 

A su alrededor, hay mil exageraciones y sueños fantasmales. Muchos son recuerdos que se alejan y se deforman. Que se mezclan con otros nuevos. Son historias que nosotros mismos nos contamos por dentro, en la celda del ser. La concha de cualquier criatura. 

Toda mi vida he sido orgulloso. No he cedido cuando se me antojaba el primer capricho que me encontraba. Era después, de repente, cuando me retiraba avergonzado al sufrir el embiste de mi adversario, quienquiera que fuese en aquel momento. Esto pasó muchas veces y lo recordé para sobrevivir. 

La versión del hombre en mí es más atormentada, más retorcida de lo que deseo que trascienda. Porque creo que aún es muy pronto para trascender así, incompleto, lleno de dudas, de admiración ante el misterio más sublime y de desprecio ante lo cotidiano. Se acentúa esta dualidad. Se acentúa como las alturas de mi alma, mortal o no, hacia el porvenir. 

Pero a veces no sé que pensar. Todo se me oscurece y se vuelve una amenaza. Me vuelvo obstáculo de mi entorno y siento como si fuese a apartarme en cualquier momento, como a un insecto o a una hoja de árbol. Yo no quiero ser así. No creo que pueda haber verdadera dignidad humana si esto es así o no puede cambiar. 

Luchar por la dignidad humana es seguir buscándola. Si se cree haber encontrado, se lucha por conservarla. Es realmente difícil aceptar que todos cometemos los mismos errores. El que lava una cara, tiene el culo sucio. Es después, cuando nos limpiamos en la intimidad. 

No mintamos sobre nuestra miseria. Huimos con miedo. Mi miedo es que me desprecien. Que no me valoren como deseo, como quiero ser. Es decir, como quiero mantenerme siendo. Todo sucede de una forma que no puedo controlar. Mi mejor plan no puede resistir el desbaratamiento inesperado de un detalle que se descuidó. Pero no es uno ni dos. Son tantos como las estrellas. Así sucede lo que nadie sabe. 

Voy a contar lo que me parece más cercano a la verdad en este momento. Ciertos textos muy antiguos. Textos que fueron atribuidos a una persona que fue amante de la verdad. Que quiso ser recordada como tal, se arriesgó por ese ideal, con el peso de todos los riesgos que conllevaba. 

Sinceramente, puede que sean mis prejuicios empecinados o esta tendencia a la locura, pero yo me siento muy alejado de este hombre desconocido. Hombre, porque yo también soy hombre y quiero ver en él, o en cualquiera que no sea él, aquel ideal de hombre en el que pueda reposar sin más miedo, ni envidia, ni odio. 

Hombre cuidadoso de los detalles. Responsable, caballero. Solidario. Estricto con los malvados. Aún no tengo claro cómo fue capaz de incluirlos y no excluirlos para su humillación. Para gloria de los buenos. Es algo que todavía no creo comprender. No soy más que un novicio. 

Ardo por la filosofía. Soy un fuego joven. Me refugio en la esperanza de encontrarla, porque si en ella no se encuentra el consuelo más conveniente para nosotros, yo no sé dónde pueda encontrarse, ni ahora ni nunca. Pero sólo es en ella donde he creído ver un atisbo de sentido, pues los impulsos pasionales me han devastado y dejado lleno de confusión. Angustiado y cansado. Puede que sólo sea mi imaginación o mi tozudez. Yo me siento así y es ridículo ocultarlo, aparentar lo contrario. 

Si busco mi filosofía, es porque busco el autocontrol y la libertad para ser como realmente quiero ser. Yo no sé si esto es posible, pero sé que lo deseo y sueño con ello, que no he podido ver en ello ninguna maldad, ni contra mí mismo ni contra nadie, sino todo lo contrario. Es la miel de mi recreación, pero yo no lo sabía, y andaba buscando cosas inferiores que en poco o en nada se le parecían, si bien a veces se me ocurre que esas pequeñas delicias fueron preparando esta última, que aún no es más que una búsqueda que se aclara tras duros golpes del destino. 

Quiero aclarar que no me parece que un filósofo pueda dejar de hacerse filósofo. Ahora bien, un filósofo busca la verdad. La vive y la siente porque la es, también. Es parte de ella, y parte de la presunción, de la convicción de que esto no lo puede cambiar, sino sólo utilizarlo para conseguir su fin, que es llegar a la verdad. 

lunes, 9 de mayo de 2016

Mi principio


Supongo que pudo haber luz blanca, en el principio.

Pronto se distinguieron los colores y los sonidos.

La belleza fue en el principio.

Yo nací en la belleza, en el espacio perfecto.

Es de día y no conozco mi edad. Como si hubiera estado aquí siempre.

Otros existen y me envuelven, cerca o lejos.

Quiero sentirme cómodo. Aún no he chocado por primera vez con los sentimientos.

Tu vida no es más fácil.

Tú también quieres mutilarte por dentro.

La historia continúa. No ha perdido su esencia misteriosa y cotidiana.

Pero la limitación, la necesidad ya estaba en mí, antes de que la descubriera.

En el primer llanto, la primera risa. Una mezcla irresistible y total.

Mis necesidades van hacia delante. No hay otra dirección.

Siempre necesitamos. El orgullo es mentira.

El error no es absoluto.

La imitación es vacía.

La desnudez mortal que envuelve a la vida se siente individualmente.

Este preludio es tan largo. Pronto seré más concreto y preciso. 

martes, 3 de mayo de 2016

Nacer


Ocultar mi rostro, que mi rostro esté oculto a mí mismo por dentro, es una vergüenza. 

Toda mi vida he buscado sinceramente la belleza y he visto cómo se escapaba delante de mí, cómo me golpeaba el corazón una fría y culpable indiferencia y desconocimiento, totalmente ajena a lo que soy en realidad. 

No he encontrado ningún medio mejor para expresarme que la escritura. Muchas veces, me parece incluso más puro que la propia conversación, de donde vienen estas palabras y significados sin vida, los que después tú reconocerás. 

Me siento interpelado por el misterio de la humanidad. A menudo nos desanimamos y llegamos a creer que este misterio no existe, pero es mentira. Existe y es más real que tú mismo. Existirá cuando tú ya no estés, cuando no seas nada o ya no estés aquí y no vuelvas. 

Me siento triste a menudo. Triste porque creo que mi vida no es la que debería ser, porque estoy convencido. Y no me gusta sentirme así; siento que es culpa mía. 

Es imposible esforzarse lo suficiente, pero podemos llegar a olvidarlo con enormes y organizados esfuerzos. 

El paso del caos al orden se llama poder. 

Creí descubrir, sinceramente, hace algún tiempo, que la filosofía, la sabiduría era importante, incluso sagrada. He visto con amargura, cómo se extravían nuestros caminos en la nada y el vacío. Cómo estamos obligados a someter nuestro corazón a un poder superior y misterioso, del que nada sabemos. Sólo que existe y no es nuestro. Porque no es esclavo de nada. No se lamenta por nada, no tiene necesidades, ni miedos. Ni es víctima de sus propias pasiones. 

Creí que bastaba con imitar lo sublime y que en eso consistía la belleza. En la imitación que venía de la inocencia. Me he extraviado toda mi vida, por la ternura de mis seres queridos. Qué habría sido yo sin ellos? 

A lo mejor no estoy preparado para ser tan fuerte. A lo mejor no quiero serlo, y me regocijo en la cobardía de mi espíritu. Pero incluso en ese momento, añoro el coraje que debió haber sentido uno, cualquier otro, mejor que yo. Uno que decidió vencer sus miedos, someterlos, amarrar sus pasiones. Porque ya está escrito y no cambiará. Nosotros volveremos a caer. Tal vez algún día, nuestros descendientes sean más fuertes de lo que nosotros jamás pudimos soñar. 

No sé con qué me conformaría yo. Idealizo detalles estéticos que siempre acarician mi corazón. Me basta la mediocridad para tener compasión, dentro o fuera de mí. No me siento capaz de ser más sincero. Todos perdemos tesoros que valoramos demasiado. Olvidarlos es como la organización mínima de la naturaleza, que sólo sigue adelante. 

He sido salvaje en mi peor momento. Ese que no ha sido tan malo. Y he intentado poseer más belleza de la que he conocido, porque estoy hecho para el exceso, la desmedida y la inquietud. Ojalá no fuera así. Ojalá fuera un ideal frío y completo. Pero soy una criatura dependiente, pequeña y breve. Frágil, que nada sabe de sí misma por dentro, mas que pronto volverá a temblar y a padecer. Estos son hechos consumados que no puedo cambiar, a los que renuncio cambiar. Quizá no sea mi objetivo. Quizá no quiera que lo sea. 

Del mismo modo que soy acusado, acuso a las grandes mentes del pasado que florecen hoy, en aquellos que les atienden. Aquellos que buscan la autoperfección de su corazón. Yo ya he dicho todo lo que tenía que decir. Lo repetiré una y otra vez. No renuncio a este vicio desesperado y no creo que haya vicios que no lo sean. Esta es mi confesión y haré una mejor pronto, porque volveré a escribir. Nada quiero dejar atrás, que pueda indignar mi espíritu, ni perturbarlo. Nada quiero dejar atrás, tal y como soy. 

Este momento


Si os pidiera permiso para ser vanidoso, para soltar todas mis neuras aquí, sentirme más humano, por decirlo así, no me lo concederíais. Lo sé muy bien. Sois mejores que yo, todos y cada uno de vosotros. Mis pensamientos no existen en vuestras vidas. La inmensa mayoría de vosotros ni siquiera me conocéis. Y no sabéis cuánto compartimos en este momento. 

Voy a hablar un poco de mí. Quizá demasiado. He perdido el trabajo. No me renovaron el contrato. Es dramático, pero no es el fin del mundo. Estoy buscando de nuevo. No me gusta el trabajo que he hecho, ni el que estoy buscando. Aquí es difícil encontrar eso que quiero hacer (que me impongo querer hacer, para no seguir buscando): dar clase. 

Para dar clase tendría que estudiarme un largo temario y escribir una terrible programación anual, algo que me parece esencialmente inútil y no me produce entusiasmo. No quiero trabajo duro. No quiero fingir que no me quejo, en realidad. Mi actitud no es la mejor, lo sé. Sólo quiero ser sincero, ahora. Me importa que me aprobéis. No diré lo contrario. Por eso os hablo a vosotros. 

Estoy lejos de casa y no quiero volver. Decidí irme y quiero mantener mi postura. No lo he pasado tan mal y, sin embargo, pienso la amargura que me ha acompañado todos estos días pasados, la extraña fuerza que me sigue impulsando adelante, sin disolverse. No quiero desmoronarme. Vivimos y nada más. 

Sé que hablamos demasiado, que no podemos callarnos. Empezamos hablando en nuestra cabeza. Estamos hechos así. El procesamiento del lenguaje... bla bla. El pensamiento racional. Creemos o nos acabamos convenciendo de que tenemos el control. No es verdad. Somos igual de vulnerables que ayer. Muy vulnerables. Estamos desnudos, aunque nos apoyemos en grupo. Desnudos por dentro y por fuera. 

Nuestros sueños son un bello recuerdo de la niñez, cuando todavía no sabíamos nada del mundo. Cuando acabábamos de llegar. Seguramente, no parezca que no quiero desmoronarme, pero es cierto. Tampoco quiero engañarme a mí mismo. No siento que me haya enfrentado nunca antes a nada parecido. El reto de vivir. Todos mis grandes fracasos del pasado no han podido detenerme. No es un mérito nacer, ni una elección. Es un misterio y es el mismo para todos. No sabemos lo que es no tener nada porque todos tenemos lo mismo. Un misterio que nos hace escondernos, intentarlo, en el recorrido de la vida. El extraño movimiento que se produce y que existe al mismo tiempo que la quietud. 

Seguramente, no convenceré a muchos con mis palabras. Últimamente he pensado que es una responsabilidad demasiado grande, exagerada. Todos tenemos nuestros problemas, juicios, miedos, elecciones. Las llevamos a cuestas. Yo no añado nada nuevo a nadie. Sé que luchamos por la felicidad. No nos queda más remedio. Lo llaman la búsqueda de la felicidad. Eso dicen. No dicen, la felicidad conquistada, o consumada, o nada de eso. Sino la búsqueda. 

Suelo autocompadecerme mucho. No vivimos una época de grandes idealismos. Por el contrario, me parece que vivimos una época de un nihilismo extremo. El positivismo de la ciencia, los medios de comunicación, la complejidad de la sociedad, nos han vuelto a desmarcar de lo básico en nuestro propio interior. Nos hemos vuelto a desestabilizar. Teníamos el control y lo perdimos de nuevo. 

Yo me consuelo escribiendo, como el que se refugia, porque, qué más puedo hacer? No puedo callarme. Basta nacer. Y ya he dicho que no quiero trabajar duro. No creo en el estoicismo. No creo en nuestras mordidas de orgullo dañado. Es lo último a lo que me gustaría llegar, si puedo evitarlo. Pero ya he estado ahí. Lo conozco. Sé lo que es un corazón partido. No lo sabéis vosotros? El sinsabor, la punzada de la duda, el desengaño, el desconsuelo, el desaliento. Sí, creo que sabéis muy bien a qué me refiero y que mi lenguaje se entiende bien. 

Mi pasatiempo favorito es machacar a mis semejantes. Ojalá no fuera así, pero es así. Se ha asentado en mi interior esa amarga costumbre. La de destruirlos de mentira, en mi espíritu. Me digo: "Se desperdician. Merecen desaparecer" o me digo "Pobres desgraciados. No son como yo, que soy muy bueno." Escribiéndolo así, pretendo ridiculizarme a mí mismo. Nadie sabe lo que va a pasar mañana. Si alcanzaremos las mieles de los invencibles, nuestros héroes, sean quienes sean. Si llegaremos a formar parte del Panteón Olímpico de nuestra imaginación. La realidad es que todos la tenemos y todos deseamos esencialmente lo mismo. Los cambios son un desfase entre un estado y otro, una transición. Nada más que eso. 

No cierro la cuestión. Soy consciente. Es sensato decirlo. En un segundo, podría venir aquí Sócrates y destrozar todos mis argumentos. No lo dudo. Y sin embargo, me atrevo a escribir aquí, por vanidad, por creer que ya no tengo nada que perder, alabándome a mí mismo, esperando halagos, ovaciones, adulaciones. Mentiras consoladoras, para poder seguir adelante y encontrar un poco de paz. Como el que se droga con algo que le mata lentamente. Puede ser de otra manera? 

Disculpad si mi discurso se torna negativo. Me encantan los discursos. Lo hago por entretenimiento y recreo. Siempre he hablado mucho. Lo confieso. No quiero callarme, tampoco. Echando un vistazo a los éxitos y fracasos de mi vida, todos han sido pequeños y numerosos, pero han pasado muy rápido. Y no sé quién soy, en realidad. Esta es una realidad que no puedo ignorar, desde ninguna de las fibras de mi cuerpo. 

No creo poder confesarlo todo de una vez. Ya he dicho que nos veo a todos muy frágiles. De alguna manera, siento que he llegado hasta aquí con demasiada fuerza, ímpetu, ilusión, y me alegro, por una parte, ya que de no ser así, las cosas serían indudablemente peores. Por otro lado, no sé qué hacer con ella. No sé qué hacer con ese remanente que aún no se ha extinguido del todo. Y no tengo más elección que vivir, aunque sea miserablemente. Aunque sea sin verdadera fe. Porque todos luchamos a ciegas. No podemos llamar a las cosas por un nombre que no tienen. 

Mi desengaño es profundo y doloroso. Yo busco curarlo con la enfermedad. Es absurdo porque soy apasionado. No he dejado de luchar y me duele mucho. Me duele en el alma. Sé que es difícil encontrar vuestra compasión. No es fácil amarnos como somos, realmente. En un momento, nos desinflamos por dentro. Como un diente de león que el viento arranca sin esfuerzo de su tallo. Así son los sentimientos. 

Yo creo sinceramente todas estas cosas. Mañana no será diferente. Mañana, volveré a engañarme en muchos detalles. Quiero el consuelo de los que me comprenden. Los que puedan llegar a comprenderme serán siempre bienvenidos. Sólo estoy viviendo. No imaginaba una vida así. Ni siquiera eso. Ahora, sigo adelante mi camino, tratando de no ser lúgubre. Tratando de luchar con la peor parte de mí, porque es real y no la puedo ignorar. No serviría de nada. He aquí mi falsa terapia. Mi esfuerzo por cambiar. No lo despreciéis, si de verdad sois mis hermanos. 

domingo, 24 de abril de 2016

Subyacente


Últimamente, cada vez que veo ciertos conceptos, me siento perturbado. Indispuesto. Huidizo.

Ávido, rapaz.

Conceptos que me hacen caer en la cuenta, nuevamente,

de que no he dominado mi vida,

sino que he estado a merced del desconocimiento,

el extravío, el exceso. De un desvarío a otro.

Como un títere de los deseos

que surgen de mí o se me ponen delante.

Incluso a merced de una especie de locura cotidiana.

Como ahora, un peso en el estómago.

Psicodinámica.

Mentira.

Parte insuficiente.

Manía.

Intentos de explicación que perecerán

antes que nosotros.

Pero me encuentro en medio y lo sufro todo.

Yo quisiera sentirme de otra manera.

Es duro ser apasionado. Sensible.

Echo mucho de menos la familiaridad.

Qué más iba a poder añorar, idealizar?

Y todos nos sentimos igual.

Y todos huimos.

Y esperamos.

Pero debéis disculpar mi palabrería.

Es más sencillo

y yo, a veces, lo complico. Cuando me extravío de nuevo.

Aunque calle, sigo hablando por dentro.

Qué diferencia hay, entonces?

El desconocimiento de los demás.

Su fugaz apoyo o desprecio,

si no trabajamos duro.

Y cuánto aguantamos?

Cuánto nos diferenciamos de la norma?

Cuánto nos convencemos de nuestro triunfo?

Ojalá pudiera desahogarme mejor. Expresarme mejor.

He llegado hasta aquí

como un pedazo despedido de mundo

que no puede rendirse todavía

y que no sabe contra qué lucha

porque se desconoce a sí mismo

y deja rastros amargos

sombras

que no pueden cambiarle,

que no son como él.

Porque le atormentan.

Y de ellas surge el mismo deseo,

inmortal en vida,

invicto. Porque intentó ser ignorado por las épocas

en vano.

Cargas de las que siempre quiere deshacerse.

Porque no hay otro poder que ese mismo:

el de deshacerse de las cargas,

y lo demás es palabrería, ciertamente.

Locura, mentira o lo imposible.

Infancia


La mayor parte del tiempo no quiero aceptar que ya no soy un niño.

Que me afecta, sobre todo, el cambio de mis sentimientos.

La injusticia del mundo es el extravío. El descontrol.

Me veo un hombre muy pequeño, entre los hombres, ahora que no creo en nuestros pequeños

conocimientos. Fugaces aguijones de duda. Muchos, en un momento.

Pero lo que sí veo es cuánto sufrimos por no tener certidumbre

y nuestra búsqueda desesperada por reafirmar la cultura humana.

La de un momento de razón, un instante

que produce locura. Porque basta.

Quizá me exprese demasiado.

Quiero decir que no hay paz en la lucha.

Y que nadie sabe por qué luchamos por dentro

hasta hoy.

Y los juegos no nos consuelan del todo.

Nos distraen fugazmente.

Pero necesitamos ocupaciones.

Como cualquier hombre sensato,

deseo que mis ocupaciones sean honestas,

respetadas.

Pero no siempre acierto,

pues soy humano.

Pasión atrapada dentro de la razón.

Esto es sufrimiento psicológico.

Y no puedo expresarlo de otra manera.

Y me expresaré exageradamente hasta expirar

para todos mis hermanos y para mí mismo.

Porque no hay otro modo de vida para nosotros.

Ni la ha habido nunca,

ni la habrá.

Y quién se expresará mejor

de entre nosotros, los hombres pequeños?


jueves, 31 de marzo de 2016

La gente adecuada



La gente adecuada suda mas que ninguna. Suda por dentro, que es mas dificil. Ama el misterio de la vida mas que nada. No puede cansarse, ni renunciar, ni dejar de buscar lo mejor. Es gente rara. Para muchos, incomprendida y desagradable. Gente incomoda. 

Es idealista. Los golpes de su corazon son los mas duros de todos. Esta muy lejos de los otras. Sus lamentos son desgarradores, en cualquier caso. No puede conformarse. Desprecia casi todo. Se considera sabia en potencia, no en acto. 

Espera impacientemente el momento adecuado de reunirse, pensar, actuar y hablar mejor. Porque sabe que es su trabajo. Odia las improvisaciones, las insensateces, pero muchas veces se sorprende en ellas y se desmoraliza. Porque quiere ser especial, siendo ella misma, simplemente. Sin complementos. Sin mas distracciones. Sin mudas. Conseguir apartar y anular todo lo falso y desagradable, todo lo inutil, generador de impotencia, confusion e ignorancia...

Su posicionamiento es radical. No ha sido nada facil llegar hasta alli. Eso hay que reconocerlo. Se es libre solo en la imaginacion. Sera la gente mas odiada de todas muy pronto. Y volvera a serlo, una y otra vez. Tan pronto como el resto se arrebate, cambiaran de parecer y la amaran, victima de las mismas pasiones que les traicionan. De la oscuridad que los atrapa y los somete. 

La fuerza que imaginan es inconmensurable y nada se escapa de ella. No hay lugar donde escapar o esconderse, salvo la imaginacion. Es la verdadera fuerza suprema y nada mas hay por encima, por debajo, dentro o fuera. Nada mas poderoso. Busca la virtud. No busca otro merito ni sencillez que esa misma. 

Se cae. No es gente perfecta. Pero se levanta. Siente un empujon en su interior que no es de ella. Esta mas unida que ninguna. Mas unida que nunca. Su amor por la verdad es puro. Sin el, moriria inmediatamente. No existiria. Se desvaneceria para siempre... Pero lo tiene, y es mas grande que la esperanza. Mas grande que el tiempo. 

Asi conoce el mundo, porque no tiene otra manera. No la hay. Nacio asi. Es su destino. Aun se esta descubriendo. Se siente afortunada en la desgracia, porque sabe, de alguna manera, que ese no es el final. 

martes, 29 de marzo de 2016

II


Cuando pienso mi pasado, me siento un extra;o.

Como si hubiera superado hace ya mucho tiempo toda familiaridad.

Tengo la necesidad de decir lo mismo una y otra vez.

No esta suficientemente claro, al parecer. No para mi. Ni para mis sentimientos.

A lo mejor es solo que los nervios y la razon me vencen sin esfuerzo.

O que soy un hueco confuso de melancolia, en medio del orden anonimo y vacio del mundo.

Creia tener un recuerdo poderoso de entusiasmo, sobre el hecho irrefutable de estar vivo.

La magia de los sue;os. Su inocencia.

El trabajo devora energias. Es el devenir racional del tiempo.

Nos deja insatisfechos y nos hace sentirnos muy solos.

Nos tumba. El que es fuerte, flaquea.

Pero estoy usando palabras y eso quiere decir que oculto y pervierto.

Que soy tramposo.

Suelen ser mis pensamientos mucho mas sencillos. Mas vulgares.

Como por ejemplo, cuando volvere a besar a una chica. Cuando volvere a emocionarme por mis

recuerdos. Porque hay un mundo entre emocionarse e intentarlo.

Tener miedo de no emocionarse lo suficiente. Un miedo real.

Hablo de soledades. Es humano.

Intento decir que hablamos para nosotros mismos, no para los demas, si estamos solos.

Buscando una especie de disciplina ascetica. Que no llega. Que se queda corta.

No hay improvisaciones perfectas.

Siento que he llegado a donde no debia.

Me siento una contradiccion insuperable.

No hay nada que me disuada de nuestra pasion.

Es el miedo de ser esclavo, lo que mas somete.

Lo que hace huir. Mirar o no atras, importa poco.

Pienso en todo. En lo que puedo.

Imaginar es copiar la realidad.

Asi de simple parece, una y otra vez.

Mientras buscamos nuestra parte en el todo

hasta ahora. 

viernes, 25 de marzo de 2016

1989-1995


Naci en Las Palmas de Gran Canaria el 19 de noviembre de 1989 en una familia separada. Mi madre me crio lo mejor que pudo y me dio mucho amor. Me senti realmente privilegiado desde el primer momento y tengo recuerdos maravillosos de mi infancia. Tanto, que muchas veces dudo que fueran reales. 

No quiero contener este sentimiento. Escribo por ansiedad. 

Sin querer distraerme mas, solo dire que no puedo entender por que naci, pero gran parte de mi vida he querido ser el mayor entusiasta por haber nacido, por vivir... Y muchas veces, lo he creido ser seriamente. 

Mi infancia la pase en Gran Canaria. Iba a casas de familiares, al colegio y a lugares de recreo. Tengo buenos recuerdos de todos los lugares que transitaba. Aun parecen vivir en mi memoria. Como en una pelicula.

Me dije, sin tanta esperanza: no te vas a caer del mundo. El mundo no va a cambiar. 

Lo que no consigo explicarme, tampoco, es el misterio de la autorrealizacion. Haber podido ser como necesitaba ser. Desde peque;o, me interese por la escenificacion y, como he dicho mil veces, imitaba a los heroes que me conmovian. Me sentia un heroe. Sabia que estaba fingiendo, pero me encantaba y no tenia miedo de hacerlo. 

No podia preocuparme como ahora, como no me queda mas remedio. La vida ha ido pasando hasta ahora. 

En aquella etapa podria destacar la enorme influencia de las peliculas, el afecto de mis seres queridos y la magia de la infancia. La risa de los ni;os, mi maravillosa experiencia en el Enrique de Osso durante casi todos los a;os de mi educacion, siempre diferentes, reveladoras, desafiantes... Asi me lo parecian, sinceramente. 

Como no hago mas que repetirme, no pienso justificarme. No deseo hacerlo. Solo quiero quitarme de encima el miedo de no haber dicho yo mismo mi testimonio. 

A parte de mis amigos, las peliculas y los juguetes, no destacaria mucho mas. Hubo momentos que ahora no podria resumir en palabras, porque son tan peque;os y tan sencillos que no me daria tiempo de narrarlos todos. Pero son las experiencias de cualquier otra persona, pues yo solo soy uno mas. Aunque no quiera serlo. 

Esta es la mejor manera que he encontrado de defenderme o sobrevivir. Despues de las necesidades exteriores, vienen las interiores. 

A parte de mi casa de La Garita, influyeron en mi otros lugares, casas de familiares, las de mis abuelos, mis tias, y tantas otras personas. Los hogares son tan parecidos y diferentes. Los olores. Las situaciones cotidianas. Vivir...

Vivir es la piel caliente y enrrojecida despues de un bofeton. 

No apruebo haber sido ni;o, ahora que soy hombre. Pensaba que podria ser ni;o para siempre. Que no me venceria el tiempo. Se ve que aun tengo que aprender muchas cosas y que no puedo evitarlo. 

Estar vivo es peligroso. Uno siempre cae en la cuenta de que no se domina a si mismo, y que no se ha elegido. Es algo indiscutiblemente incomodo. 

Disfrutaba en mi mundo, jugando en casa, en la playa, en las fiestas, antes de dormir, al despertarme. Siempre me recreaba. Siempre buscaba la manera de amar el presente, en mi imaginacion. Porque era una intimidad que nadie podia quitarme. 

Aun sigue siendo asi y, sin embargo, me parece tan diferente. Esta no es la esperanza que tanto creia necesitar. Solo soy un hombre mas y quiero ser todos los hombres. Quisiera decir, sin asomo de duda, que son las dos cosas a la vez. Pero tengo miedo y hablar no apaga ese fuego invisible en mi interior. Porque, ciertamente, soy un hombre, herido por la verdad. 

El arte no me parecio tan conmovedor de peque;o. Condeno a los que no vieron en mi algo mas especial. Me cego la ambicion, como aun sucede, y me averguenza, pero sucede y no puedo controlarlo. Pienso que, tal vez... pudiera haber sido de otra manera. De nada sirve, mas que para angustiarme y disgustarme.

Los que no tuvieron nada, no existen.

No soy caritativo con los que tuvieron menos. Solo conmigo, compadeciendoles. Esa es la pura verdad. Solo estoy yo. No hay nadie mas aqui. Parece una locura y es un hecho irrefutable. Si hay una influencia divina sobre nosotros, no estamos preparados para comprenderla. No llegariamos... Estamos muy lejos del poder divino. Tanto que no imaginamos tal distancia. Asi me lo parece a mi. 

Fui un narcisista que hacia gracia a los mayores. Era por mi falta de experiencia. Tambien fui un mentiroso. La sociedad me moldeo sin alma. Mi alma se mutilo por dentro, o eso parecia. Ahora quedan restos y quiero ser alguien mas completo y equilibrado, pero solo para sobrevivir. Para seguir adelante... 

Escribo miles de palabras sin control. Estoy aqui para descontrolarme. Como un perro rabioso. Vencido por mi pasion. Deseando entregarme por completo. Es una furia contra mi mismo, en primer lugar. Y esta sucediendo. Puedo descansar en la mas baja vulgaridad, porque sigo siendo igual que todos los demas. Eso deberia de ser, al parecer, la felicidad. Al menos, la menos peligrosa.

Si tuviera que elegir, diria que tengo esperanza en la sociedad, no en los individuos. Estos caen pronto. La sociedad es el mal menor. 

Despues de esta blasfemia, esta humillacion, podria reir, si tuviera poder, y podria parecer un loco. En realidad, parece que necesitamos improvisar. Ser vencido por la pasion es amarse demasiado. Desconroladamente. La pasion es un fuego que quema, consume y pasa. 

Todos sabemos jugar. Jugamos por aburrimiento. Queremos que el juego sea mas que solo eso. Queremos escapar a cualquier otra parte. Solo podemos recrear nuestra prision en nuestros sue;os de libertad. 

A veces, me parece todo tan poco idealista, tan desmoralizante, que dudo poder seguir adelante. No soy yo mismo el que me impulsa, sino algo mas grande e importante que yo, mas verdadero. Porque mis sentimientos mas estimados cambian, sin que yo pueda hacer nada, y no dejan de ser tan cotidianos, impredecibles e incontrolables como todos los demas. Porque los sentimientos cambian. Ese es nuestro unico testimonio sincero. 

Soy nervioso y distraido. Pierdo el control porque creo tenerlo. Asi he sido desde el principio, buscando seguridad en los demas, apoyo, atencion. Que mas puedo desear o necesitar? Si no existiera, no necesitaria reafirmarme, sentirme estimado. Pero lo necesito. No acepto el cambio. No acepto mis impulsos primarios, pero estos no dejan de ser los de siempre. No acepto el temblor de nuestro misterio. 


Vivi en Gran Canaria durante 14 a;os, sin interrupcion. Solo fui algunas veces de vacaciones con mi madre, a la peninsula y a Inglaterra. Tambien viajamos a otras islas del archipielago. 

Simbolicamente, mi vida fue entonces como he descrito, sucesivamente. Una linea de acontecimientos que tenia cada vez mas familiaridad, que estaba mas cargada de recuerdos.

Porque puede que no sepamos, despues de todo, si estaba escrito nuestro destino.

No destacaria nada mas ahora, hasta que mis sentimientos cambien. Recuerdo el roce con los demas, cerca y lejos. Venian a casa, me los encontraba por los lugares comunes. Chocaba con ellos. A veces estaban mas alegres, otras mas tristes. Unas veces mas serenos: otras mas irritados. 

Encontrar lo que necesitamos es inmediato, en nuestro interior. Pero necesitamos seguir buscando, por alguna razon, lo mas evidente. 

Creo que necesito esto desesperadamente. A lo mejor, simplemente es que no quiero controlarme y que me permito este vicio sin mas verguenza ni reparo. Para que? No se cuanto da;o puedo hacer, pero no soy continente por mi voluntad. No se por que soy asi. Por increible que parezca, estoy buscando mi ser...

Tampoco se lo especial que puedo llegar a parecer para los demas y, sin embargo, estoy convencido de que no puedo cambiar mi naturaleza, mis tentaciones, toda la sabiduria de los hombres del pasado. Me examina constantemente y siempre suspendo, a sus ojos. Porque solo soy un hombre mas. A lo mejor quiero serlo. A lo mejor no lo reconozco. Como iba a querer ser solo un hombre mas, un hombre vulgar? 

Pero estoy muy cansado de perseguir lo imposible y veo que la vida siempre es la misma. A lo mejor buscaba lo que era un error. No se como puede ser, pero, a medida que pasa el tiempo, voy estando mas dispuesto a encontrar mayor resolucion para acabar con mis deseos... Y se que suena muy ideal.

Me horroriza la nada. No me averguenza decirlo. Yo no soy la nada.